¿Método de pensamiento inadecuado?

Teniendo en cuenta que únicamente un porcentaje muy reducido de organizaciones son capaces de aportar productos / servicios o combinaciones de ellos que supongan innovaciones dentro de los mercados en los que operan, ¿Es posible que nuestra dificultad, y a veces incapacidad de innovar se deba a unos métodos de pensamiento inadecuados?

A grandes rasgos, podríamos decir que esta es la tesis que maneja Edward de Bono, toda una institución en el ámbito de la creatividad.

Aunque denostado por algunos, su trabajo en este campo es digno de mención. Dentro de su extensa obra, comentaremos algunas de sus ideas en varios posts. Éste centra el tiro en gran parte en su libro “El pensamiento paralelo.  De Sócrates a De Bono”.

Sin entrar en valoraciones sobre la modestia del propio título, es un análisis muy interesante sobre el pensamiento occidental y las limitaciones del mismo a la hora de repensar sus formas de hacer o de generar nuevo valor.

En este trabajo, De Bono viene a decir que el pensamiento occidental predominante está basado, y en mayor proporción de lo que pensamos, en las doctrinas establecidas por el “grupo de los tres griegos”, que no son otros que Sócrates, Platón y Aristóteles, lo que ha derivado en problemas a la hora de lidiar con la incertidumbre, la ambigüedad o lo desconocido.

De Bono nos cuenta que Sócrates vino a mostrar que la verdad no era subjetiva ni relativa, sino que había una verdad interior fija, profunda, que era absoluta y se podía encontrar mediante investigación. Irónicamente, la democracia fascista de Atenas dio muerte a Sócrates porque parecía que su método de investigación socavaba los “viejos valores”, pero bueno, esto es otro cantar.

Actualmente se utiliza el término de método Socrático para designar una búsqueda de la verdad o causa subyacente mediante el cuestionamiento sistemático. Aunque los factores hayan sido múltiples, el método socrático ha contribuido sobremanera al desarrollo de una capacidad ampliamente distribuida en la población, que no es otra que la capacidad o el pensamiento crítico y el vasto expertise que tenemos a la hora de “encasillar” a toda organización (incluida la de cada uno), persona, opinión o reacción que percibimos.

En la práctica, y para no enfocarlo únicamente desde un punto de vista negativo, lo cierto es que la búsqueda sin fin del método Socrático tiene mucho mérito, porque significa lo opuesto a la autocomplacencia y constituye la esencia del progreso. Ahora bien, resulta curioso que la única área a la que no aplicamos esta insatisfacción es la del pensamiento y el propio método socrático. Somos autocomplacientes y defensivos acerca de esto y no buscamos métodos mejores, lo cual redunda en cierta incapacidad a la hora de reinventar nuestras organizaciones.

El autor  no lo puede resumir de mejor manera:

La cultura occidental ha estimado siempre de un modo demasiado excesivo el pensamiento crítico y el encasillamiento. Asombrosamente, aún hoy hay gente que considera el pensamiento crítico como el más alto ejercicio del intelecto humano. Esto es como decir que el último eslabón de la cadena es el más importante.

Según De Bono, este concepto básico de casillas ha dominado totalmente el pensamiento occidental, a veces con efectos excelentes y a veces con efectos desastrosos.

En lo que respecta al ámbito empresarial, es evidente que muchas organizaciones tienen serios problemas para evolucionar de “lo que hemos hecho toda la vida” a identificar y explotar nuevas opciones de negocio, bien sea con capacidades actuales o desarrollando las que sean convenientes.

Tal vez el problema no sean las casillas, sino la arrogante y absoluta certeza con que sostenemos una visión particularmente encasillada del mundo. Una vez que juzgamos en qué casilla ha de ir algo, esto se convierte en la “verdad” y la acción está determinada por la etiqueta que lleva la casilla.

En este sentido, un fundamento de la lógica occidental es que algo no puede al mismo tiempo “ser” y “no ser”. En cierto manera la lógica aristotélica gira en torno a este punto.

La consecuencia principal de este modo de pensamiento, y por ende, del pensamiento occidental es en general que centra todo el empeño en el análisis poniendo muy poco énfasis en la creatividad, y esto se ve claramente en los enfoques educativos, de gestión, de comunicación, etc.

El hecho ineludible es que la evolución, sin la posibilidad de volver y cambiar ideas que eran “lo mejor de lo mejor” en su momento, está destinada a ser extremadamente ineficaz.

Necesitamos darnos cuenta de que el pensamiento crítico es totalmente insuficiente por sí solo. Es necesario que seamos críticos con nuestro pensamiento crítico y nos demos cuenta de que éste es a menudo un ejercicio barato y fácil y hace muy difícil el surgimiento de nuevas ideas. Esto es particularmente cierto cuando se necesita juzgar una idea nueva dentro de un paradigma nuevo, no dentro del viejo paradigma, en el que, por definición, no encaja.

En el próximo post nos centraremos en la propuesta que realiza De Bono para superar el pensamiento crítico y el encasillamiento: El pensamiento paralelo.

Leave a Reply

Spam Protection by WP-SpamFree