Sobre enfoques para gestionar proyectos
Como todo campo dentro de la disciplina del management, la gestión de proyectos es otro de los ámbitos que no es ajeno a variaciones, escuelas o enfoques.
Por una parte, tenemos las técnicas o modelos de gestión de proyectos tradicionales como el del Project Management Institute PMI, Modelo PRINCE2, Modelo de Project Management Association y CMMI. A estos modelos se los denomina modelos tradicionales o predictivos.
Se definen como predictivos en la medida en que su enfoque de gestión se sustenta en el conocimiento detallado de lo que hay que hacer. A partir de ahí, se pronostica el plan de proyecto, la secuencia y coordinación de las actividades, las fechas, recursos, costes y demás parientes.
El objetivo fundamental o el éxito del proyecto dentro del enfoque predictivo es ni más ni menos que cumplir con el alcance, tiempo y costes establecidos en la fase de planificación.
En contraposición a los modelos predictivos, si no me equivoco, sobre la década de los 90 nacen los enfoques de gestión de proyectos denominados dinámicos o ágiles. Este nuevo enfoque tiene sus inicios dentro del sector del software y se crean métodos como el SCRUM de Juan Palacio (os lo recomiendo por lo claro y conciso que es su planteamiento, un gran trabajo creo yo que podeis descargar a través de la web navigapolis), Dynamic Systems Development Method (DSDM) o Extreme Programming (XP).
Los métodos ágiles no se basan en el seguimiento de un plan, sino en la adaptación continua a las circunstancias de la evolución del proyecto. Se plantean desarrollos de carácter adaptable cuyo inicio parte de una definición general del producto o servicio a desarrollar y continúas revisiones de proyecto con un alto grado de interacción entre los participantes del equipo y el cliente.
Si tuviese que resumirlo de alguna forma, el enfoque predictivo significa cumplir lo que se promete y el ágil generar el mayor valor añadido posible (reconozco que esta frase no me convence del todo, pero bueno).
Como en todo, cada uno de los enfoques tiene sus defensores y detractores.
A priori, entre los prejuicios u obviedades achacables a los dos enfoques, podríamos afirmar que un planteamiento de gestión en el que prima la ejecución concienzuda de lo planificado (enfoque predictivo) tiene poco o ningún sentido en entornos cambiantes o en ámbitos de trabajo en los que la certidumbre o la estabilidad del medio en el que se opera son inexistentes o del todo variables. Afortunada o desafortunadamente, aún no disponemos de bolas de cristal para predecir el futuro.
Al igual que los métodos enmarcados dentro del enfoque predictivo, las metodologías ágiles tampoco se libran de la quema. Las palabras dinámico, auto organizado y flexible son interpretadas como caótico, falto de rigor, tendente al desbarajuste, ineficientes y dificultosos en la práctica de la gestión del día a día.
Más allá de los tópicos, a mí me parece que se pueden aprender y aplicar cosas de los dos planteamientos. Obviamente, hay determinados tipos de proyectos en los que un enfoque será mejor que el otro. Esto depende de factores como las circunstancias de negocio del cliente, la estabilidad de los requisitos, tamaño del equipo, cultura de la empresa, etc, etc.
A modo de conclusión, diría que no considerar la gestión predictiva sería trabajar con una base de conocimiento y experiencia incompleta. De la misma forma, dar la espalda a los valores y prácticas de los modelos ágiles nos puede abocar a un estadio de rigidez difícilmente entendible en los tiempos que corren, por lo tanto, es fundamental que las personas encargadas de dirigir proyectos conozcan con cierta profundidad las dos vertientes y opten por una forma de gestión que más se adapte al objetivo del proyecto a desarrollar.
Por de pronto, os invito a investigar en el mundo del enfoque de los métodos ágiles en general y de SCRUM en particular a través de la interesante web de Xabier Albaladejo www.projectosaliges.org
